martes, 24 de mayo de 2011

Carta de renacimiento

Pero qué es esta fiebre que me tiene con los labios resecos y los ojos ardientes, qué hace a mi corazón latir en estallidos, pone sudores en mi piel y sobre todo, una ansiedad en el espíritu que no puede saciarse aún bebiendo de tus aguas, aún apurando los estremecimientos de la tempestad que empapa nuestras horas.
¿Qué es esta plenitud interminable que se traduce en hambre días y noches: de apurar tus aromas, navegar en el agua de tu voz, encandilarme con tus ojos y lanzarme sin mirar al fondo de tu abismo, volar todas tus cúspides, atravesar tus bosques, mirar tus años llenos de mi ausencia, tu tiempo antes de nosotros, cuando gacelas y grillos no eran más que eso, cuando las noches solamente tenían lunas y horas, cuando, pobre de mí, no conocía esta enfermedad que convulsiona la sangre, que late en todos puntos, en mis yemas, incendia pensamientos y respiraciones y sobre todo, no promete paz?
¿Puedes decir, amor, cómo se vive así?

Liz Durand Goytia

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